La música de Florentina
(2024), de Arturo Meza, es una novela ambientada en la Buenos Aires de los años
treinta, es decir, en plena Década Infame (1930-1943), posteriormente se
desarrolla en el período de surgimiento, ascenso y caída del peronismo
(1943-1955), y concluye en los albores de la Revolución Libertadora, una de las
seis dictaduras que atravesaron a la Argentina en el siglo XX.
Una trama en donde la música
tiene un papel protagónico como catalizador de las emociones, los miedos, las
aspiraciones, los sueños, las perversiones, el erotismo, el amor y la libertad.
Florentina, hija de un gitano y una italiana que viajan desde Génova a Quilmes,
es la última reencarnación de un mundo antiguo, luminoso y vibrante que parece
extinguirse o bien, autodestruirse. Es el claroscuro donde nacen los monstruos
del que hablaba Gramsci.
La idea de la música como
instrumento del Diablo –o de Dios–, pensada como un ente que perdura más allá
de muerte: “La música es maestría sanadora, pero será utilizada por los dueños
de las tinieblas para ennegrecer con ella. Trastocarán en sentido adverso su
vibración y enfermarán más las mentes al adueñarse de ellas. Vendrá una música
violada, una música prostituida, una música tristemente basura”.
En ese sentido, Florentina es una
suerte de Doctor Fausto seducida por un Mefistófeles en forma de cuadrilátero
con fuelle: el bandoneón, instrumento creado en Alemania para servicios
religiosos y que en el Río de la Plata es el telón de fondo de inmigrantes,
prostíbulos, conventillos, compadritos y poetas. Porque el acordeón y los
órganos son de los ángeles y el bandoneón es del diablo, es una bestia triste
que no te pide que la domes, sino que seas ella.
La música de Florentina es
también un relato de redención familiar, de identidad, de migraciones, de
vínculos rotos, de lazos fuertes y de símbolos que hunden sus raíces en lo más
profundo de la humanidad, el conocimiento y la espiritualidad. Una historia en
donde abundan las referencias culturales y se cruzan desde Paquita Bernardo,
Augusto Berto, Borges, Dante Alighieri, Perón, Bach y Ginastera, pasando por
Beethoven, Evita, Nikola Tesla, Krishnamurti, Stravinski, Goebbels y Blavatsky,
hasta Piazzolla, Troilo, Gurdjieff, Mussolini, la teosofía, sociedades secretas
y los cátaros.
Es un libro que dialoga con el
presente de una manera escalofriante, en virtud de algunos paralelismos que se
pueden advertir con la llegada al poder de Hitler en 1933, confrontado con los
actuales discursos de odio, estigmatización y discriminación de personajes de
la política como Donald Trump, Giorgia Meloni, Viktor Orbán, Javier Milei, Jair
Bolsonaro o Nayib Bukele.
El arte de la humildad y la
sencillez reconstruirá a la Argentina. Parece una sentencia tan lejana en el
presente y mucho menos en el futuro próximo.
Edgar Morales
Viernes 8 de agosto de 2025
Casa La Morelos, Torreón,
Coahuila

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